Grupos Étnicos

Localización de los Tolupanes:

Actualmente los Tolupanes o Jicaques –informa el antropólogo Ramón D. Rivas– “se localizan en los municipios de Yorito, El Negrito, Morazán, Victoria y Olanchito en el departamento de Yoro y en los municipios de Orica y Marale en Francisco Morazán. Con los estudios modernos la terminología que identifica a este grupo ha cambiado; todavía se usa ampliamente, el término Jicaque o Xicaque, pero la mayoría de los estudios actuales denominan al grupo como Tol, Tolupán o Torrupán, a diferencia del nombre que los mismos aborígenes usan para identificar su grupo o idioma.”

“Este grupo tenía como frontera el valle de Sula. Las evidencias lingüísticas del siglo XVI muestran que el valle de Sula era un punto de reunión entre los Mayas y los Tolupanes, cuya cultura era menos compleja que la de los mesoamericanos y típica de los pueblos centroamericanos”.

“El río Ulúa era la línea divisoria entre los Mayas y los Tolupanes. Los Mayas vivían al lado oeste del río: Los de lengua Chol estaban situados a lo largo de la costa y los Chortís en las áreas interiores; mientras que los grupos nahuas o aztecas, ubicados en puertos comerciales a lo largo del río. En el sector sur del valle de Sula se registra la presencia de Lencas. Alrededor del año 1500, el valle de Sula estuvo habitado predominante, por grupos de ascendencia Maya y por los Tolupanes”.

“La ubicación de los Tolupanes en el inicio de la colonización española está sujeta a discusión. Los cálculos más conservadores los ubican desde la desembocadura del río Ulúa hasta las inmediaciones de Trujillo, haciendo de frontera hacia el interior del país aproximadamente lo que hoy son los límites norteños de los departamentos de Comayagua, Francisco Morazán y Olancho. Otros autores amplían el territorio Tolupán hasta la sierra de Omoa por el oeste y la desembocadura del Aguán por el oeste; ampliando asimismo la profundidad de la penetración hacia el centro del país. La presencia de algunas tribus en el lado oeste del Ulúa, en la cercanía de San Pedro Sula e incluso en las montañas del Merendón, parece abonar esta teoría”.

“De acuerdo a Anne Chapman, si bien los Tolupanes practicaban algunos cultivos, principalmente de tubérculos, sus actividades vitales fueron cazar, recolectar y pescar… según la misma antropóloga, los grupos de las tierras bajas eran semisedentarios, cultivadores parte del tiempo, formaban pequeñas comunidades a lo largo de la costa atlántica y ríos adyacentes”

“Mientras que culturalmente los Tolupanes se parecían a los Sumos, los Pech y los Misquitos, diferían de ellos lingüísticamente… Chapman, citando al lingüísta Bright asegura que representan uno de los mayores enclaves sureños del tronco Hokan”.

“Los antropólogos y lingüistas que han estudiado la lengua Torrupan, entre ellos la antropóloga Chapman le calculan cinco mil años de antigüedad. Ellos relacionan la lengua Tolupán (Torrupán) con la familia norteamericana Hokan-Sioux”. “Por otra parte, se han entablado polémicas sobre el origen de los Torrupanes y, tomando en consideración sus rasgos lingüísticos, los sitúan emparentados con la familia Chibcha-Penutia, de origen sudamericano; o simplemente afirman que se trata de una lengua independiente y aislada. Pero no cabe duda, a partir del dato lingüístico, es que los Tolupanes son un grupo aborigen antiguo, muy anterior a la civilización Maya que supo, en medio de las trasformaciones culturales del entorno, mantener cierta identidad hasta épocas recientes”.

El encuentro Tolupán-Español:

“En medio de este panorama histórico etnográfico, se puede decir que los Tolupanes padecieron las primeras etapas de la conquista española, caracterizada en Honduras por un fuerte tráfico de esclavos hacia las islas mayores del Caribe y por el trabajo forzado. Desde entonces, las cosas no han cambiado pues continua el proceso de explotación y el extremado marginamiento político social”.

“No obstante la índole recomendable”, narra Porras, “de los isleños, sus hábitos industriosos, la bondad con que habían recibido a Colón y a sus compañeros catorce años después y la ley española que prohibía hacerlos esclavos, los gobernadores, interesados en el tráfico, supusieron que eran caníbales, hostiles y de todo punto opuestos al cristianismo, con lo cual la reina española no vaciló en expedir una cédula, concediendo licencia para que cualesquiera personas pudieran capturar y vender a los isleños. En consecuencia quedaron sujetos a los resultados de tan inhumana resolución. En 1516, Diego de Velásquez gobernador de Cuba, autorizó a varios castellanos para que formaran compañías destinadas al tráfico de hondureños precolombinos esclavos. Por motivo de haber disminuido la población de Santo Domingo, por los trabajos forzados y necesitarse brazos, según lo afirman varios historiadores, más de sesenta españoles salieron de Santiago de Cuba con un navío y un bergantín, autorizados por Velásquez y se dirigieron a las Islas de la Bahía”.

“Saltaron a tierra en una de ellas sin encontrar resistencia y capturaron a todos los nativos que encontraron a mano. Pasaron a otra de las islas e hicieron lo mismo, encerrando en las escotillas del navío a todos los cautivos. Los esclavistas dejaron el bergantín al cuidado de 25 hombres y se dirigieron con los nativos hondureños cautivos a la Habana. Luego que fondearon, los españoles saltaron a tierra y dejaron el buque con sólo ocho marineros, en la confianza de que los nativos quedarían seguros en las escotillas; pero no fue así: los astutos isleños, calculando por el silencio que reinaba en la cubierta, forzaron la puerta de la prisión y cayendo sobre los marineros los asesinaron. En seguida tomaron una resolución impropia de gente inculta que no había vuelto a ver buques desde el arribo de Colón. Alzaron las anclas, treparon ligeramente por las cuerdas, izaron las velas y se dirigieron a su isla distante unas doscientas cincuenta leguas, ejecutando la navegación como si fueran prácticos de la aguja y carta de marear. Así lo afirma el historiador Herrera que refiere el hecho ”.

Esta astuta acción fue realizada dos veces contra los hispanos pagando los isleños muy caro al ser vencidos por los invasores españoles.

“La persecución que se desató contra los Tolupanes o Jicaques durante la colonización los obligó a refugiarse en las selvas y montañas de la región centro-norte del país, manteniéndose dispersos y alejados del resto de la sociedad, lo que hizo que los Tolupanes se convirtieran en casi nómadas y no lograran desarrollar una arquitectura propia. A través del tiempo, han tenido que adaptarse a lo que las circunstancias les han presentado. Originalmente vivieron a la orilla del mar, cercanos a la orilla de los ríos, luego huyeron tierra adentro y por último emigraron a las montañas”.

La distribución geográfica de los Tolupanes o Jicaques:

“Los Tolupanes están constituidos en 28 tribus distribuidas en seis municipios del departamento de Yoro, más dos tribus emigradas el siglo pasado a la Montaña de la Flor, municipio de Orica, Francisco Morazán”.

“En un principio se conocían 21 tribus pero, a partir de la segunda mitad de la década de los ochenta, la Federación de Tribus Xicaques de Yoro, comenzó a realizar un reconocimiento en la zona, ya que se constató la existencia de un buen número de pequeños grupos tribales que se separaron de las tribus reconocidas, por distintas razones, informaron grupos aislados en las montañas”.

“Por el contacto con los españoles y por el continuo roce con los ladinos, los Tolupanes han perdido aceleradamente muchos valores y costumbres ancestrales, proceso que ha afectado, especialmente a su lengua materna: el Tol”. El antropólogo Ramón D. Rivas, calcula una población Tolupán de unos “19.300 individuos de los que sólo los que habitan en la Montaña de la Flor conservan la lengua”.

El siguiente cuadro derivado de las observaciones de Rivas se aprecia la distribución de los Tolupanes en Yoro y Francisco Morazán:

Imágenes

   

                    

                                         

 

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